Cristo

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27 de noviembre de 2016

Virgen Milagrosa

El 27 de noviembre de 1830 la Virgen Santísima se apareció a Santa Catalina Labouré, humilde religiosa vicentina, y se le apareció de esta manera: La Virgen venía vestida de blanco. Junto a Ella había un globo luciente sobre el cual estaba la cruz. Nuestra Señora abrió sus manos y de sus dedos fulgentes salieron rayos luminosos que descendieron hacia la tierra. María Santísima dijo entonces a Sor Catalina:
"Este globo que has visto es el mundo entero donde viven mis hijos. Estos rayos luminosos son las gracias y bendiciones que yo expando sobre todos aquellos que me invocan como Madre. Me siento tan contenta al poder ayudar a los hijos que me imploran protección. ¡Pero hay tantos que no me invocan jamás! Y muchos de estos rayos preciosos quedan perdidos, porque pocas veces me rezan".
Entonces alrededor de la cabeza de la Virgen se formó un círculo o una aureola con estas palabras: "Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti". Y una voz dijo a Catalina: "Hay que hacer una medalla semejante a esto que estás viendo. Todas las personas que la lleven, sentirán la protección de la Virgen", y apareció una M, sobre la M una cruz, y debajo los corazones de Jesús y María. Es lo que hoy está en la Medalla Milagrosa.



9 de octubre de 2016

QUISIERA SER ÁNGEL


16 DE OCTUBRE CANONIZACIÓN DEL BEATO MANUEL GONZALEZ
   Yo quisiera, Señor, ser ángel sembrador de piadosos recuerdos y cristianas enseñanzas y despertador de conciencias dormidas o muertas, para ir visitando uno por uno a todos los vecinos de los pueblos y decirles allá en lo más hondo del alma con el acento más penetrante de mi palabra angélica : Hermano, ¿Pero no te has enterado de que Jesús está en el Sagrario de tu parroquia? ¿No te has enterado?… Y me llevaría diciéndoselo hasta que se enterara del todo.
   Yo quisiera ser el misionero de esas parroquias para gritar diariamente y a cada habitante del pueblo : ¡Hermanos, hermanos, Jesús está solo y no quiere ni debe estar solo!
   Si yo pudiera tener, por cada Sagrario desierto, un corazón para acompañarte en él y una boca para alabarte y recibirte ¡Qué alegría sentiría mi alma al presentarme delante de Ti en cada uno de ellos y decirte: ¡Corazón bueno, ya no estás solo!
Beato Manuel González 
   Este escrito expresa lo que fue la ilusión de toda su vida y por lo que trabajó sin descanso.
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