A nuestros corazones
la hora del Espíritu ha llegado,
la hora de los dones
y del apostolado:
lenguas de fuego y viento huracanado.
Oh Espíritu, desciende;
orando está la Iglesia que te espera;
visítanos y enciende
como la vez primera,
los corazones en la misma hoguera.
La fuerza y el consuelo, el río de la gracia
y de la vida derrama desde el cielo;
la tierra envejecida renovará su faz reverdecida.
Gloria a Dios, uno y trino:
al Padre creador, al Hijo amado,
y Espíritu divino
que nos ha regalado,
alabanza y honor le sea dado.
Amén.










